Muchas veces cuando nos convertimos en mamás no es cómo habíamos imaginado. Un mundo ideal, paseando nuestro peque, abrazándolo, sonriendo, disfrutando y sintiendo mucho amor.

No, la realidad es muy distinta.

En mi caso era agotamiento físico, no saber por dónde ir. Que decisiones tomar. Sientes que todo lo haces mal. Lloran, se enferman y no duermen ni duermes. Hay un descontrol total en tu vida y ni siquiera sabes cómo has podido llegar hasta aquí. Tú ya no importas. No importa qué tan cansada estés, no importa tu dolor de espalda, ni que tengas hambre ni que haga 2 días que no puedas ducharte y huelas a leche agria. No, no importa.  Solo importa tu peque y de repente sientes que tu vida anterior ha desaparecido y la de ahora no te gusta. No reconoces la chica en quién te has convertido. Y te sientes culpable porque se suponía que tenía que ser ese mundo ideal que te habías imaginado.

Y te preguntas ¿Pero qué hay de malo en mí?

Y luego cuando crecen, tienes más de uno y tu casa es un caos te encuentras gritándoles por algo que han hecho, como derramar el vaso de agua, romper el mando de la tele a golpes, pintar una pared, desmontarte el teclado del ordenador o arrancar las hojas de la planta del comedor. Y gritas, y te enfadas, y les castigas. Y tu te sientes mal, cada vez peor, piensas que no eres buena madre, que lo estás haciendo mal y encima nadie te entiende. Ni tu madre, ni tu marido, ni tus amigas sin hijos con vidas ideales.

Déjame decirte algo que he aprendido en todo este tiempo. A  ti no te sucede nada malo.

Si, si vuelve a leerlo y en voz alta si quieres. A ti no te sucede nada malo.

Lo único es que tienes que aprender a manejar tu energía.

Cuando estás baja de energía tu vida es un caos. Date cuenta de cómo afecta a tu familia y a tu trabajo que tu estés baja de energía.

Cuando estamos de esta forma es difícil pensar con claridad y realizar tareas eficazmente.

Esto es un indicador de tener tu batería de energía baja.

Puedes aprender a cargarla.

El tener más energía en tu batería interna significa que tendrás mayor capacidad para autorregularte y estar en control ante cómo respondes ante situaciones que por naturaleza de ser mamá son estresantes.

Tu batería interna de energía es algo que debes aprender a cargar a diario, reconocer qué es exactamente lo que más energía consume en tu día a día y aprender técnicas para cargarla.

Hay 2 PASOS simples, detectar fugas de energía y sellar estas fugas de energía.

La meta es no desperdiciar energía y reponer efectivamente la energía que utilizas.

 

Para Detectar tus fugas de energía:

– Identifica las situaciones que te causan estrés.

– Los sentimientos ligados a estas situaciones que drenan tu energía.

– Y qué es lo que haces actualmente para manejarlos.

Detectar estas fugas es crucial para mejorar la situación. Requiere de mucho mindfullnes o presencia plena. Puedes hacerlo. Es práctica y quererlo.

Otro día te explicaré el segundo paso, el de sellar esas fugas de energía y reponer la que has drenado.

 

Porque cuando tú (LA MAMÁ), estás bien, tu familia también lo está.

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